Tuesday, June 26, 2007

De viaje

El mes pasado tuve la suerte de estar de viaje. Salté el charco por primera vez en mi vida y fue una experiencia muy especial. Tuve la suerte de participar en un seminario de periodistas de América Latina en Berlín y hacer un par de escalas más. Aún ahora cuando ya terminó hace casi un mes, sigo sin creer que en realidad sucedió y que la experiencia es una pauta definitva para mi vida profesional y personal.
Me he tomado un tiempo para volver a las actualizaciones del blog y ahora quiero aprovechar para incluir algunas crónicas de viaje y otros textos que iré preparando para poder mostrar parte de esta dinámica irreversible que imponen los países europeos: sorpresa, rigor y polémica.
P.

Los artículos que publiqué para Diario HOY se pueden ver aquí:

http://www.hoy.com.ec/temas/temas2007/desdeberlin/berlin.htm

Una aclaración

En respuesta:

Sí, me disculpo por no dar más contexto al artículo sobre Andrés López. El señor es comediante colombiano cuya rutina más famosa es La pelota de letras, un show cómico que se centra en la descripción de cómo son las generaciones pasadas y actuales. En mayo el señor vino a presentarse en el Ecuador tuvo un show un Quito y otro en Guayaquil. Fue un éxito rotundo. Yo en lo personal pensé que era una rutina cómica acartonada y de lo más falsa. Reír por reír. Y para mi desgracia me predispuse al espectáculo porque previamente tuve que estar en el camerino con el señor López durante una sesión de fotos. Intenté a la manera periodística de hacerle preguntas sobre los ánimos previos al show. Él no respondía nada, hablaba solo, tenía una especie de show personal para el que la prensa estaba pintada en la pared. No sé si era parte de sus nervios previos al show o si era simple estupidez. Me quedé con la segunda opción.

Thursday, May 10, 2007

La pelota de letras

Estimado Andrés López,

(foto cortesía Jaime Pavón)

Ayer tuve el desagrado de asistir a su show de pelotas o letras, o como usted desee llamarlo. Esta carta es sencillamente para comentarle mi absoluta inconformidad con su aparición en público.
Durante meses mi abuelita me ha hablado de usted, de su mágica capacidad para hacer reír a las personas, de sus chistes tan agradables, tan reales y sobretodo tan verdaderos.

Yo sabía -yo siempre he sabido- que lo que a mi abuelita le parece cómico, no lo es necesariamente. Es una buena mujer amable, cariñosa, buena amiga, pero de sentido del humor no tiene mucha idea.

Así que con ese antecedente estaba decidida a no ver jamás el dvd promocional de su espectáculo.

Para mi mala suerte en el medio de comunicación donde trabajo decidieron auspiciar su viaje a esta ciudad y promocionar el show y yo fui la elegida para morir de la risa. Mis compañeros envidiaban que yo tenga un pase gratuito y me decían: ¡Pero reiraste, verás que es bien divertido!

Señor López, no tuve más remedio que ir. Le esperamos junto a la prensa durante más de 40 minutos en un camerino apestoso y húmedo. Cuando llegó (yo sin ánimo de difamar le digo esto solo en correspondencia personal y ya usted sabrá si es verdad o no). Usted estaba poseído por sustancias sicotrópicas, por eso no hablaba claramente, no respondía a las preguntas y actuaba como un maníaco y sus monólogos eran absurdos. Quise creer que lo que hacía era “Ponerse en personaje” pero la extrañeza de sus carcajadas decían mucho más. Para serle sincera lo que más me sorprendió fue la complicidad idiota de su equipo de trabajo: lo veían y se reían. De qué se ríen, pensé yo. Esto no es cómico es casi denigrante y es más incómodo aún saber que luego de años de ver esas estúpidas rutinas a diario sus ayudantes todavía se ríen.

Señor López, luego de las experiencia tras bastidores, el espectáculo no fue nada mejor, pero al menos tuvo secuencia. Una secuencia eterna.... Usted habla de las generaciones y las imita y cada generación le toma más de una hora. Y las personas ríen, ríen a carcajadas, se retuercen en sus asientos.

Yo no hice más que sentirme ajena y casi avergonzada porque nada de lo que usted hizo me pareció cómico, sino estúpido. Y más grave todavía que un teatro lleno hasta los bordes lo disfrute como si se tratara de la quinta esencia de la comedia. Señor López, mi mamá siempre me ha dicho: Hijita si tus 30 compañeritos la pasan bien y tu no, no es posible que los 30 tengan un problema. Tú eres la del problema!

Gracias a su espectáculo he revivido mis traumas de la adolescencia: A mis sus estúpidas rutinas me parecen originales, eso sí no lo niego. Pero no le veo el mérito a reírse de la institución más caduca con rutinas ridículas que solo le hacen reír a la gente porque ven el parecido con sus vidas y creen que usted es un mago.

Como usted mismo dijo en su show, hay que conocer la debilidad de las víctimas para atacarlas y usted las conoce. Su víctimas son corderos que disfrutan de cualquier cosa y usted les da lo que quieren humor ligero para dormir en paz.

Le deseo que se rompa una pierna, y no en el sentido francés de ¡Tenga usted éxito!, sino más bien en ¡Hágalo! Rómpase una pierna a ver si así por lo menos detiene sus giras y deja de contaminar el mundo con su humor barato.

Atentamente,

Devuelvan el dinero!

* Tuve que cubrir el mencionado evento y fue tal como cuento. Es decir es una experiencia horrible de la vida real...aa!

Saturday, April 28, 2007

El hilo de la conversación

Foto prestadita: Nadia Baram (desconocida del Zone Zero, gracias)

Y si de repente todo fuera mentira

Como si estuviera paralizada por el espanto

Y si me mira y me dice: Me alegro por ti

Y yo digo gracias, pero en realidad lo que quiero decir es: No te parece un poco tarde para alegrarte...

Y si me dice que parece un éxito. Y yo agradezco nuevamente, pero en realidad deseo maldecir por haber pasado todas las pruebas de supervivencia para recibir una medallita de mierda.

............


Es demasiado tarde, dos de la mañana anuncia el reloj de pared. Demasiado tarde para seguir en silencio, para seguir de pie, para dar una vuelta más alrededor de la mesa del comedor, para volver a sentarse.
Es demasiado tarde para retomar el hilo de la conversación.
Estamos sentado hace horas en la sala. De vez en cuando me pongo de pie, voy a la cocina, regreso con un vaso de agua te ofrezco algo de tomar, sigues mirando la pared. No respondes. Quisiera pedirte que te vayas, pero en lugar de eso, te ofrezco algo de comer. No aceptas y es mejor, no hay nada de comer.
Me miras de pies a cabeza. Por qué no te sientas?, me dices. Me acerco, me siento y los dos miramos a la pared.
Inclinas tu cabeza sobre mi rodilla y permaneces en silencio.
Para mi la angustia se parece a un bostezo continuo. El cuadro ideal me viene a la mente con frecuencia: cada dos o tres segundos. La película debería ser otra:

Una mujer de piernas largas, cabello recogido y zapatos de taco entra en la sala sin anunciarse. Mira al hombre sentado en el suelo de la sala con los ojos fijos en la nada. Se acerca y le dice: mírame bien, es demasiado tarde!
Él por supuesto atónito, sostiene apenas la mirada, pero ella continúa.

Es demasiado tarde para que estés aquí. Creo que lo mejor es que te vayas.

Es demasiado tarde para retomar el hilo de nuestra conversación. La última vez que escuche tu voz... la última vez, ni siquiera puedo recordar cuándo fue. Así que no eres bienvenido en mi casa.

Ella, la mujer de piernas largas, vestido corto y ceñido enfrenta al hombre impávido de ideas vacías, de contenido insuficiente como para retomar el hilo de alguna antigua conversación.

La película no tiene las piernas largas, ni nada ceñido. Es esta mujer en ropa de dormir, que acepta tu cabeza en sus rodillas, te acaricia el cabello y te dice: Está bien si no quieres comer nada, ni tampoco hablar entonces es mejor que nos vayamos a acostar porque mañana trabajo temprano.

P.

Wednesday, April 25, 2007

Melcochas


Salíamos de la casa, cuando su madre nos detuvo en la puerta para ofrecernos melcochas. Las llevaba en una funda pegajosa y en la dentadura postiza amarillenta. Yo no podía verla a los ojos. Mi mirada se desviaba sin querer a sus encías rosadas, perforadas para sostener puentes, tornillos y esas perlas decadentes mala imitación de dientes. Y ella masticaba con un gesto pausado, dejando entrever como la melcocha se pegaba y despegaba a punto de destornillarle algún diente. Sacudo la cabeza y sonrío, me doy tiempo de mirarla de pies a cabeza. Miniatura de 1, 50 m parada en el umbral de la puerta cubierta con un chal cardenillo y con esas pantuflas de ama de casa resignada hace al menos 45 años.
Le agradezco por su oferta pero paso. A mi edad una de mis posesiones más preciadas son mis dientes, no tengo intención de amelcocharlos para ser parte de la familia política. Pero él acepta. Abraza a su madre, quien despide un olor agridulce, combinación funesta de melcocha y humedad, como la que corroe los muebles antiguos que tiene en la sala cubiertos con una sábana.

Finalmente nos vamos. Acelero el paso para alejarme pronto de su casa, sus olores, su madre. Saco de la cartera un cigarrillo y lo enciendo. Me mira de reojo y se frunce:


- Pensé que ya no fumabas

-Y yo pensé que vos ya no comías melcochas.

Seguimos caminando. Él se apura para alcanzarme.

- Cuál es tu apuro?

- Alejarme de tu casa

- Perdón?

- Umjm

No mido mis palabras. Me detengo y le obligo a detenerse. Cuando le miro ya está masticando una melcocha entera, tiene la boca repleta y no la cierra del todo para masticar. Pensé que estaría molesto por mi comentario, pero él solo mastica como un idiota embobado en el dulce. Entonces me decido.

- Creo que mejor me voy

- A dónde?

- Lejos de tu casa y de vos

Me apuro a la avenida para subirme en el primer taxi que pase. Él no se mueve me mira y me grita, como si se burlara.

- Qué, muy sofisticada para nosotros?

Me volteo de mal humor y mientras para un taxi solo alcanzo a responderle con la misma mala actitud de siempre.

- Sofisticada no, asquienta imbécil!!



P.

Sunday, April 15, 2007

Tristeza con el auspicio de Mr. Cash


And I heard, as it were, the noise of thunder: One of the four beasts saying: “Come and see” And I saw. And behold, a white horse. There's a man goin' 'round takin' names. An' he decides who to free and who to blame. Everybody won't be treated all the same. There'll be a golden ladder reaching down. When the man comes around.
American IV: The Man Comes Around


Me quedo de pie mirando el ropero. Por sugerencia de dos buenos amigos sería más apropiado vestir ropa de colores para contrarrestar la pena. Yo no siento pena, solo un agujero profundo en el estomago. Me esperan en la sala, susurran algo que no puedo comprender. Me tomo mi tiempo, me siento en la cama. Elijo un par de medias oscuras. Alguien toca la puerta, no respondo.

-Estás bien?

-Umjm

-Vienes?

-No, no todavía

- Puedo usar tu abrigo negro

- Umjm

-Gracias, apúrate que nos esperan afuera

De pie, solo con las medias puestas, busco algo que se asocie con su muerte, pero no estoy muy segura de que la muerte combine con nada. Lo único que puedo recordar es el equipo de fútbol que le gustaba. Eso es todo.
Entonces entiendo lo que debo usar. Me calzo un par de zapatillas deportivas, un pantalón negro con rayas blancas, una camiseta oscura y encima de todo un impermeable amarillo.

Salgo a la sala y todos me miran de mala manera.

-Hijita estás segura que vas a usar eso

- Umjm

Salimos todos juntos y todas las miradas sobre mi abrigo impermeable. Es abril, siempre llueve en abril. No veo que les preocupa tanto.
Llegamos al cementerio y una bandera de su equipo de fútbol plantada en el anden nos guía hacia el nicho, uno de sus amigos llora desconsolado y comprendo que es bueno llevar un impermeable en abril cuando la gente llora.
Él nos mira, señala la bandera del ‘Sporting Club’ y comenta:

-Es que él era un hincha a muerte

Entonces pienso que en ese caso elegí con mucha inteligencia el abrigo amarillo. Seguro que el homenaje le sobrecogerá en el más allá. Finalmente llorar no es lo mío, yo prefiero manifestaciones más incomprensibles, menos tradicionales digamos.
La ceremonia es desgarradora. A mi se me desgarra el estomago presiento que podría desmayarme de dolor, pero no sería correcto robarle la atención al difunto. Continúo junto a la procesión como hipnotizada por la pasión de la pena ajena. Involuntariamente pienso en música. Me viene a la mente Johnny Cash en la tumba de June Carter. He oído demasiada música country en las últimas semanas. Recuerdo una canción, Hurt: “ Everyone I know goes away in the end, and you could have it all, my empire of dirt I will let you down I will make you hurt”. Me duele. Recuerdo como me asomé por la puerta semiabierta y pude ver el costado derecho de tu cuerpo desnudo sobre una mesa. Parecía que tenías frío porque tu piel lucía un tono violeta pálido. No sabía que habías engordado tanto en los últimos años. Por eso ya no jugabas fútbol seguramente, pero hincha sí, eso siempre. Hincha a muerte.

La peor parte es la de la lápida. El enterrador golpea la piedra, pone cemento sin escatimar seguro no quiere que nadie abra la puerta para robarse la bandera del ‘Sporting Club’ que llevas en el pecho con orgullo. Fin de la historia. Inmediatamente, como es lo correcto en abril, empieza a llover a cántaros. Todos se mojan y dejan de llorar. Yo aprovecho la confusión para desatarme en llanto. Nadie puede verlo. Tengo la capucha del impermeable puesta. La lluvia no me moja, las lágrimas sí. Cierro los ojos, me concentro en el dolor y espero que todo termine pronto para llegar a casa y encontrar consuelo en la música country, Mylanta y el café que te ofreciste a tomar conmigo para que no esté triste.

P.

Wednesday, April 11, 2007

Los malditos gajes del oficio


Sentada en el mostrador frente a la puerta de vidrio veo como se acerca un hombre corpulento con la cabeza afeitada. Le abro la puerta, saludo con la poca amabilidad que le queda a mi repertorio y recibo la insolente bofetada de su olor a comida rancia. El caballero mide al menos 1,80, pesa unas 200 libras, yo diría 215 con más exactitud. Lleva una camisa de cuadros celeste, con amarillo que tiene una multitud de manchas de aceite alrededor del cuello y a la altura del pecho también. Tiene el lóbulo de la oreja izquierda perforada y lleva un arete dorado con un brillo plateado. Abre la boca para hacer la primera pregunta y presiento que es el peor día de la semana. Son apenas las 08:00, con el estómago vacío me cuesta más trabajo de lo habitual soportar clientela pestilente. El hombre alcanza a articular una pregunta que no comprendo. Por algún motivo en este tipo de negocio las personas suelen hacer preguntas incoherentes y este caballero no es la excepción. Le pido que me repita la pregunta y balbucea algo con su boca enorme, sus dientes cariados y sucios de sarro. Percibo en cámara lenta como su lengua húmeda roza el paladar pastoso y diminutas gotas de saliva salen expulsadas hacia el exterior. Alcanzó a dar dos pasos atrás violentamente. Atinó a taparme el rostro con la mano derecha con pretexto de comezón en la nariz y solo se me ocurre acercarle directo a la cara una lista de precios para que prosiga escupiendo en ella sin herir mi sensibilidad mañanera.
El señor piensa que lo que le ofrezco cuesta demasiado y me acusa con el dedo por ello. Yo levanto los hombros ya sin restos de amabilidad. Me pide una explicación y me parece que su tono de voz se ha elevado demasiado para tratarse de un cliente sudoroso con olor a comida rancia. Le indico con muy poca paciencia que soy solo una empleada y que no he diseñado ni las reglas, ni las tarifas. Mi insolencia hiere sus grasientas 215 libras y me pide que no le falte al respeto. Para entonces ya grita:

- ¡Esto es lo colmo, nunca me han atendido tan mal, usted es una malcriada!

Yo sigo de pie, le miro impávida con mi 1,60 a cuestas cubierta por la sombra que proyecta su desagradable humanidad. Alcanzo a escabullirme del frente me pongo a sus espaldas y le abro la puerta.

Señor, me temo que si usted no se siente a gusto puede elegir otra compañía que le ayude!

- Usted es una insolente voy a reportarla con su jefe.

(Y usted un gordo de mierda, apestoso y miserable incapaz de pagar $60 sin reclamar porque no me hace el favor y se larga antes de que le saque al perro que tengo atrás para que se agarre de su grasiento trasero.)
Es posible soñar. Con el corazón agitado me imagino todas esas cosas que le podía decir antes de que me tire la puerta en la cara y me arruine la mañana . Lo que el miserable no sabe es yo soy mi jefe y que lo más lejos que va a llegar a hacer será reclamarme a mi y con suerte yo tendré el coraje de decirle lo mal que huele y que no se preocupe que a esa empleada que le trato tan mal ya la despedimos.


P.

Friday, March 09, 2007

Lecciones vitales sobre el matrimonio (no lo hagan)

Pequeños Crímenes Conyugales

El estreno teatral quiteño para esta temporada

Matrimonio infernal, ovacionado

El escritor de novelas policiales Alejandro Estrada (Manuel Calisto) regresa a su casa tras quince días de estar en el hospital, luego de un accidente que le causó amnesia. Su devota esposa Lisa (Cristina Rodas) trata de fabricarle un nuevo pasado a la medida de sus necesidades conyugales. Ese es el centro de la trama de Pequeños crímenes conyugales, la obra teatral que Cristina Rodas y Manuel Calisto pusieron en escena ante las carcajadas primero y las miradas atónitas después, de un público afectuoso. En un set cálido adornado apenas por un librero, un sofá y el escritorio de trabajo del temático Alejandro suceden las conversaciones de la pareja, que en quince años de convivencia se nota, pese a la amnesia de él, que han cubierto todos los posibles vicios y tragedias de la vida marital.

La obra inicia con un buen número de escenas cómicas, el público ríe y entre las parejas se nota que se cruzan miradas cómplices como diciendo: “Si ves igualito a vos”. Sin embargo, al poco tiempo la comedia quedó atrás, así también los diálogos demasiado veloces entre ambos. Poco a poco la pareja de actores se acopló mejor y le dio un giro dramático a sus conversaciones, que a la vez dejaron de serlo para convertirse en graves acusaciones: mentiras, infidelidad, violencia, falta de intimidad, intento de asesinato, todo en función de acabar con el matrimonio o salvarlo. La obra terminó con la idea de la relación odio-amor flotando en el ambiente del teatro silencioso.

La puesta en escena, tanto como los matrimonios –ya sabrán de eso los casados- no es necesariamente memorable. Se sostiene bien y basta para entretener ( como el matrimonio también). Toca los temas que a la gente le encanta ver retratados. Existe una relación bastante típica entre el mal de amores y la necesidad de que alguien se burle de él. Hay cientos de programas de televisión que lo hacen y tienen sus seguidores. A nivel de teatro siempre el estándar de calidad es mejor, las actuaciones son más convincentes e incluso conmovedoras y los textos siempre tienden a cumplir rituales que derivan entre la intelectualidad y el esoterismo.
Nada mal si tomamos en cuenta que todo parecido con la realidad es intencional y que en el universo de las parejas y del desencanto toda puesta en escena es válida.



Por mi parte...

Como dice mi nota para prensa rosa: “Le tomó unos segundos al público reaccionar y cuando lo hizo estuvo feliz de aplaudir de pie y ovacionar a los actores. A las salida los comentarios estaban cargados de ironía sobre el amor y sus terribles consecuencias”.

El público disfrutó del cocktail, a mi me dolió el estómago y me causó un malestar casi estético comprobar que la vida en pareja puede llegar a ser tan miserable...Un golpe bajo me pareció! Y se les agradece a los actores, especialmente a Manuel Calisto (tan graciosos y cínico ante todas las cosas) por una lección vital de lo que puede ser el amor.



Paulina Simon T.



Foto: Cortesía David Guzmán

Thursday, March 08, 2007

El arte de morir o sobrevivir

War Photographer
Una vez conocí a una persona que me aseguró desde la segunda conversación que tuvimos que moriría en alguna guerra, tomando fotos. Ese plan osado que nunca comprendí -y que no sé si se haya cumplido aún- me vino a la mente con una claridad pasmosa mientras veía una tras otra las fotos del mayor fotógrafo de guerra del mundo, James Natchwey, en el documental suizo War Photographer.

Si se pudiera hablar de un manual de supervivencia de guerra, es éste. En el cine no había mucha gente, pero las 25 personas que vivieron desde sus butacas los 90 minutos de Kosovo, Ruanda, Palestina, Indonesia, entre balaceras, machetes, mutilados, entierros y niños muriendo de hambre, no pudieron levantarse con mucha facilidad. Es duro salir a la calle luego de experimentar semejante desgaste de espíritu.

Tal como Nachtwey espera, uno se entera del mundo que existe afuera, reconoce las imágenes más brutales de guerra que nunca se han llegado a publicar, menos aún por estas latitudes sudamericanas.

Una cámara muy audaz sigue a Nachtwey por el mundo, quien carga a su vez sus dos cámaras al hombro, dueño de unos silencios prolongados y dolorosos. Siempre tan absolutamente compenetrado con su trabajo, que parecería que no es humano.

Ha pasado la mitad de su vida comprometido a tomar fotos desde el clímax mismo de la acción. Atrincherado, al pie de las fosas comunes, sus ojos son idénticos a los del criminal y también son los de la víctima. La pasión es demasiado intensa hasta el punto de parecerse de manera drástica a un comportamiento sádico. Sin embargo, Nachtwey desde su mirada profunda y sosegada, dice con pocas palabras aquello que uno espera oír. Sobrevive a la guerra por pasión humana, por deseo de mostrar al mundo su compromiso, por seguridad de que si no toma él las fotos nadie sabrá nunca lo que es la muerte, el horror, el mal, el odio y nadie sabrá que hace falta saberlo para enfrentarlo.

Este manual de supervivencia de guerra, no asegura tal cosa. Pisar una mina es más probable que no hacerlo. Lo único seguro es que matar y sobrevivir pueden ser un arte dependiendo del ojo que las mire y el corazón que sepa imprimirles textura y grandeza.

PST


Manifiesto de Nachtwey:

“In a way, if an individual assumes the risk of placing himself in the middle of a war in order to communicate to the rest of the world what is happening, he is trying to negotiate for peace. Perhaps that is the reason why those in charge of perpetuating a war do not like to have photographers around”.

“The worst thing is to feel that as a photographer I am benefiting from someone else's tragedy. This idea haunts me. It is something I have to reckon with every day because I know that if I ever allow genuine compassion to be overtaken by personal ambition I will have sold my soul. The stakes are simply too high for me to believe otherwise.”

Tomadas del sitio web: http://www.war-photographer.com/

Tuesday, March 06, 2007

Laburando Colombia

Ecuador de Colores

De viaje por Colombia en una feria de turismo a la que el Ecuador fue invitado como el huésped honorífico y yo me conté entre los periodistas acomodados que cubren el evento. Aquí alguno que otro recuerdo, aunque el 'Colombian Dream' como tal es algo muy difícil de comprender y digerir...


El Ecuador viaja con sus fetiches personales...el shamán Alberto es un cofán de Sucumbíos...su tarea estar de pie durante tres días en el stant del Ecuador para que le tomen fotos... En la selva se quedó su alumno para no dejar desatendida la clientela...





y por otro lado los danzantes de Zuleta y Salasacas y la princesa Puruhá, cuatro días en el ojo de los curiosos...



Fotos: Paulina Simon T.

Laburando Colombia

Botero en la piel

Hay espacios gracias a los que de repente todo vale la pena y en este caso son los cuartos repletos de hombres y mujeres rechonchos de Botero, que con sus caras muy próximas al síndrome de dawn, sus miradas extrañas y sus cuerpos robustos ofrecen calma y un poco de felicidad.
Hay tanto por comprender con los Boteros y son a la vez indescifrables. Ocupan universos coloridos, fiestas, bañeras, mercados y también terremotos, inundaciones y tristezas y sus rostros son inmutables. Si uno camina por los corredores de pisos de madera en silencio, solo oye los susurros de la gente frente a los cuadros y de repente entras a una sala y te encuentras de frente con Fernando Botero sentado en su taburete pintando una mujer desnuda que ocupa todo el corredor, que ilumina la puerta con sus nalgas y muslos prominentes y hace felices a los curiosos que encuentran su camino en el museo gracias al resplandor de su gordura perfecta.

P.
Foto: Paulina Simon

Monday, March 05, 2007

Laburando Colombia

Lo 'bonito'
Como en cualquier metrópoli -asumó- especialmente en América Latina, hay un mundo de moda, restaurantes, marcas, empedrados perfectos que flota en superficies paralelas y sueña con ser Manhattan... En Bogotá, una ciudad donde para entrar a un centro comercial las personas pueden ser requisadas y donde en cualquier lugar o evento público debes prácticamente ponerte contra la pared y permitir que te desmenuzen a ti y a tus propiedades...Se vende, viste y calza Prada...y se come alta cuisine entre divas y divos a cualquier hora del día...


Fotos: Paulina Simon

Laburando Colombia

La infallible cultura turística

Perdida durante horas es lo poco que logré...





Laburando Colombia

Las fotos más difíciles de mi vida






A Juan Fernando Velasco (Cantante -melodramático- ecuatoriano) lo aman en Colombia... Juanfer la vida te quiere decir algo!



Un concierto de más de dos horas, las más complicadas de mi vida tratando de tomar una sola foto que valga. Tomé al menos 40 y valieron unas 4. Entre no saber las mejores funciones de la cámara, las luces de colores, el humo...si es con flash sale mal, si es sin flash sale movida... una tortura periodística más que artística....

Así que de plano...zapatero a tus zapatos...la crónica del concierto me quedó mejor...

Thursday, February 22, 2007

Obsesionada con el color

De visita por el mercado artesanal de Otavalo

Sin mucho que decir, ni pensar... solo un montón de texturas y colores que sacuden mis ojos... tengo una obsesión en la retina con todo lo colorido...


















Fotos: Paulina Simon (Thanks for the camera Dan, best thing ever)

Wednesday, February 21, 2007

Una odisea con pijama y en bicicleta

Bicicleta Lerux

Penélope cansada de los viajes en los que se embarca Ulises todo el tiempo, desde hace años y abrumada por la ausencia y el principio del desamor, reclama: “No puedes atracar tu barco en los orines que deja elperro”. Mientras los pretendientes de Penélope aseguran: “Marido es una palabra parecida a martillo o a martirio”. Todos coinciden en desprestigiar las prolongadas salidas de Ulises por el mundo, sin comprender que está todo el tiempo de cuerpo presente deambulando por los corredores, el dormitorio, el baño y la cocina.
Bicicleta Lerux, la obra teatral que presenta en esta temporada el grupo Malayerba es una historiaque retoma la mitología griega, a Ulises, Penélope, el viaje y las batallas heroicas. Solo que ahora las guerras de Ulises son cotidianas: lucha por retener en su memoria el amor de otros tiempos y busca a Lerux,sin que se sepa si es una persona, un lugar u otro mito. Encontrar a Lerux es la causa que mueve a Ulises a internarse en mundos de sirenas y diosas, a viajar al pasado y a suponer que si Lerux y los otros no hubiesen desaparecido otra seria la rutina, y menor seria la pena y el distanciamiento de las personas a quienes ama.
La obra habla de nostalgias, de amigos y romances que se han desvanecido, del aburrimiento y de la soledad que implica la vida cotidiana.
Acercándose todo el tiempo a la mitología conserva a la vez un discurso actual en el que se mezclan las ironías, el humor y una alta dosis de tristeza. Los personajes de las hechiceras son sumamente. Circe y Caribdis, interpretadas por CristinaMarchán y Charo Francés ofrecen el contraste ideal con el ánimo sombrío deUlises (Diego Bolaños) y la mirada perdida y confusa de Penélope (ManuelaRomoleroux). Una jornada teatral que reúne melancolía y mitos, con graciay a ratos solemnidad.

* Noche quiteña gélida
P.

Tuesday, February 06, 2007

Imperios perdidos


Ella se despertó y mientras se desperezaba entre las sábanas tibias me decía algo en voz muy baja, algo que no podía descifrar porque era una combinación sonora entre palabras y bostezos. Luego se detuvo en uno de sus giros, me miró atenta a los ojos y me dijo:

- Soñé que estaba sentada en la banca roja.

Me impresionó su comentario porque yo por mi parte había soñado las paredes vino tinto de mi habitación. Era uno de esos sueños a lo Julio Cortázar, es decir, el soñador soñado o algo por el estilo.
Yo despertaba en el sueño y veía las paredes rojas a mi alrededor, estaba en mi lado de la cama, cerca del velador y a lado de la puerta. Como sabía que no era posible, volvía a cerrar los ojos y los abría para despertar, pero volvía al mismo lugar.
Así sentía que se me pasaba la noche en el intento de despertar a tu lado en la cama, frente a nuestras paredes blanco hueso y ya no en mi lado favorito de la cama entre mis muros colorados, las repisas, las orquídeas de plástico y la soledad.

En otros tiempos nuestros imperios se parecían mucho a nuestras nostalgias de ahora, pero entonces no sabíamos que eran pequeños paraísos y los ignorábamos por completo.

Me dio las espaldas y apretó la almohada. Sentí que lloraba y no hice ningún esfuerzo por consolarla, sabía que cuando estuviera lista me lo contaría todo y lloraría con la intención de conmoverme, aunque me conoce mejor que eso.


- Hacía calor, me había puesto las sandalias, el vestido playero, salí a tomar sol con un libro en la mano y me senté en la banca roja. De repente el sueño era como una foto, una imagen colorida, nítida y detenida en el tiempo. En un fondo blanco, la banca roja, el césped crecido de un verde intenso y yo pálida reclinada sobre el rojo de madera repleta de astillas.

Volvió a llorar y yo me quedé en silencio contemplando cómo nuestras respectivas tristezas empezaban a llenar la cama como una sombra letal que nos obligaba a darnos las espaldas y continuar con nuestros sueños de paraísos de los que nos habían echado a patadas y sin poder mirarnos a los ojos.

P.

Friday, February 02, 2007

Lugares - momentos

La creación del hombre que grita...



















El mirador del Puyo, cerrado a todo tipo de público hasta próxima orden...


Cuidado con resbalarse...!













En el espejo...!



Fotos: Paulina Simon T.

Thursday, February 01, 2007

Barriga llena...



Lo mejor del Puyo, los Volqueteros

Alegría en dorado

El único lugar donde el café no es instantáneo.. y además el jugo de piña, mermelada de piña... alegría en amarillo

Sopa de pollo bendita... y "por favor nos destruya la decoración de la mesa"





Manjares típicos o no, aquí lo importante es reconocer que una mesa de cervezas, chochos, sopa de pollo, pan con mantequilla tiene el poder curativo de recordarnos ciertas cualidades del espíritu que parecían que se habían marchitado a punte almuerzos de $1,50 y hamburguesas del tropiburguer...
El amor a la comida es un culto respetable...y no hay mejor imagen que recuerde cada minuto de nuestra estancia en el mundo paralelo de las vacaciones que las cientos de mesas con manteles y flores de plásticos, saleros con arroz, letreros sobre la decoración y una que otra mosca, en las que nos hemos sentado por gusto, voluntad y con la certeza de no querer borrar nunca esa sensación de barriga llena y corazón en la gloria...
P.
Fotos: Cris Rendón, Paulina Simon T.

Shell, el paraíso acuático












Claro, una cosa eran las vacaciones, pero otra muy distinta saber de alguien que luego de las clases salía a bañarse al río con los compañeros un día lunes cualquiera. Y fue justamente ese el descubrimiento que hicimos en el pequeño pueblo de Shell, a 10 minutos de la ruidosa ciudad del Puyo - sin semáforos y sin una sola licorería - existe un mundo que los capitalinos hemos olvidado en nuestras geografías mentales... un pueblo que contiene en resumidas cuentas unas siete manzanas y al final de la calle principal el dique... Un río convertido en complejo turístico.

Era lunes, la presa del dique no estaba cerrada pero se podía sumergir la cabeza en el río y hasta dar un par de brazadas. Una tranquilidad y un silencio que casi llega a ser sospechoso, hasta que empiezan a llegar, corren por el puente, hacen bulla, gritan, vienen quitándose las camisas...Un grupo de niños de escuela que parecería que no han esperado ni el timbre para ir a bañarse en el río... Luego llegan los mayores, que dan espéctaculo de clavados para un público compuesto de preescolares y dos pálidas mujeres de otro mundo...
La felicidad se parece mucho a este momento, para nosotras y seguramente para ellos tambi{en, pero todos los días, luego de la 1:oo de la tarde.


P.
Fotos: Paulina Simon T.

Tuesday, January 16, 2007

Imposible recomendarla


Fear and Loathing in Las Vegas


La sensación de extrañeza -como si tuviera la lengua seca y pastosa por hora y media- es algo que no había experimentado con tanta claridad al ver una película.
Una especie de asombro que se mezcla con la decepción, el asco y la duda... en resumen un desconcierto total.
Imposible recomendarla a menos que se trate de una audiencia con una máximo de tolerancia, o cercanos de alguna manera al teatro del absurdo, el mundo de la droga, o los sesentas en plena decadencia.
Fear and Loathing in Las Vegas es una película de Terry Gilliam, director famoso por la cinta de ciencia ficción, Brazil. Con las actuaciones de Johny Depp y Benicio Del Toro, especímenes raros que pueden actuar casi de cualquier ‘cosa’.

Historia: sí, tiene una pese a todo. Un supuesto periodista, Deep, viaja con su abogado, Del Toro de Los Ángeles a Las Vegas, en una misión. Ahora, el panorama es sombrío se trata de 1970 principio del fin absoluto de los hippies y su momento de declive prolongado. En la cajuela de un auto de alquiler llevan heroína, cocaína, marihuana, alucinógenos, mezcalina, éter, ácidos y todo tipo de droga posible.
Entonces el caos y la demencia de lo que sucede es producto puro de las sustancias. En ese sentido las intenciones simbólicas de la película se retratan perfectamente: en un mundo artificial generado por ácidos todos es irreal o al menos dudoso, es así que el objetivo del viaje nunca se podrá confirmar por que, como todo, es una ilusión: se trata de un crimen, de un reportaje, de una muerte lenta, del placer, de dolor, el viaje se puede tratar de todo y de nada; es apenas una metáfora del viaje de ácidos, cocaína, etc. que hacen los personajes sin ninguna escala.

Decadencia que la historia de los EEUU no sabe justificar y pasa a ser un mito. Vietnam, la paz el amor, el LSD son una ilusión, una leyenda y la película los muestra en sus virtudes más puras.

Así, es posible también decir que Fear and Loathing in Las Vegas, por descabellada que parezca es una parábola perfecta del caos. La película intensa para rescatar el mito y decir la verdad sobre el asco.

Los personajes son monstruos maravillosos que generan pesadillas. Además, Depp calvo y Del Toro con una barriga descomunal, son algo que hace falta ver alguna vez.
Si ellos, los personajes, no tienen nunca idea de lo que está pasando el espectador menos, pero queda finalmente la esperanza de haber cumplido con la educativa misión de seguir viendo cine.

P. Simon

Botas vs Tacones


Esperaba que llegaras, tus botas te anunciarían en el andén de madera apolillada. Como siempre pasaron las horas. Las marcaba con mis tacones delgados sobre la alfombra de pelo corto. 125 minutos más tarde te oí entrar. Sacudías con descuido las botas sobre las gradas . Una vez en el umbral me miraste a los pies y te burlaste de mis tacones. Nada peor que ser una mujer que no merece usar zapatos de taco. Te sentaste al borde de la cama sin decir nada. De rodillas frente a ti inicie la tarea -entretenida antes, penosa ahora- de desamarrar los cordones de tus armaduras. Botas negras brillantes con 25 agujeros para anudar cordones negros también. Lo hago con poca paciencia mientras la ceniza de tu cigarrillo cae sobre mi hombro. Una vez desamarradas me miras y me dices que te vas. Nada peor que ser una mujer que no merece a un hombre con las botas desamarradas. Que no me amas. Que prefieres... no explicar. Preparada para este tipo de revelaciones, me sacó los tacones. Sigues sin moverte. Recuerdo con ternura una escena de Underground, pero no la repito. En lugar de ofrecerte mis zapatos te los aviento a la cabeza. Me miras con desdén e intentas pararte pero tropiezas en el metro de cordón negro de tu bota izquierda. Recojo mis tacones y me voy. Nada mejor que ser una mujer con los zapatos puestos cuando es momento de caminar de frente y desaparecer.