Monday, October 29, 2007

A falta de letras...

Modelo para perfumes

A falta de letras...

El postre no puede faltar

A falta de letras...

Si no encuentro inspiración, hablo de lo que más me gusta...

A falta de letras...

La competencia... jugo de borojó, con huevo de codorniz y alfalfa... bueno para lo que haga falta

A falta de letras...

La reina del quiosco

A falta de letras...


Pulpas para la salud del corazón... la mía, tomate de árbol...

A falta de letras...

Explorando las ramas

A falta de letras...

Incultura animal... por si pensabas hacerte vegetariano...

A falta de letras...

Yo no me colé, ellos me invitaron...además coincidimos en el color...

A falta de letras...

El gálán del Quinche

A falta de letras...


La dama sexy del Quinche

A falta de letras...

Tiempo de ovos

A falta de letras...

Futbolín en el Quinche

Tuesday, September 18, 2007

Días lejanos

Hace mucho tiempo... yo tenía un blog... bueno lo tengo, pero no lo actualizo. El problema es que mi modo de funcionar es muy estructural. No soporto las cosas en desorden. Tenía previsto escribir una amplia gama de artículos sobe la travesía alemana...pero pasó que el tiempo me capturó. Cuando volví de viaje tenía tanto que decir... y tengo aún... pero la modorra a la que uno regresa, la rutina abrumadora, ese peso insoportable de las deudas...(deberle al mundo haber visto el mundo) me ha impedido digerir todo eso que vi, el silencio, el muro de Berlín en el pecho, las eternas jornadas en metro, el idioma incompresinble, música para mis oídos y el más puro aislamiento...
Como quería hacerlo todo en orden, entonces dejé de escribir por completo. Han pasado muchas otras impresiones que precisaban tener su propio capítulo en el blog, pero quedaron mudas ante la experiencia alemana irresuelta.
Así que he decidido no precouparme por la estructura -tratar de no hacerlo- y seguir en desorden hasta que algún momento todo se resuelva en mi mente.

Wednesday, July 04, 2007

Rumbo a Alemania

Inicio de la travesía

Adiós

La travesía empieza a las 04:00. Me despides en el aeropuerto. Dormiste mal, lo sé. Tenías demasiados fantasmas entre el corazón y el ombligo que te obligaban a dar vueltas y vueltas. No hubo preparativos, ni tiempo para consejos o nostalgias, o promesas. Tal vez ese fue el primer error y el último que cometimos... que cometí.

Esta despedida irregular es la primera ancla que el corazón deberá desalojar en el atlántico cuando esté preparado para elevarse en la travesía.


Infierno portuario

Los demonios del terrorismo y los pasajeros inmigrantes han incubado el odio en cada puerto. Las miles de almas en tránsito estamos expuestas a los ladridos prepotentes de los uniformados, seres superiores en el subdesarrollo animal.

Sin nombres funcionaría como un eufemismo cobarde, por eso digo con claridad: Bogotá, poner un pie en suelo colombiano te convierte de inmediato en un sospechoso. Suelo colombiano es la plataforma del avión. Bajar del avión es una amenaza. Tránsito, lo único que uno debe hacer es cambiar de avión. Pero, eso no te cree nadie. Primera seguridad: quitarse zapatos, cinturón, aretes, reloj, chaqueta, bufanda. Segunda violencia: abrir bolso, demostrar la pertenencia de un cuaderno, dos esferos, tres chicles, toallas sanitarias, llaves de la casa (para que traje eso?). Continuar, bolsos revueltos, manoseados, empujado hacia el siguiente control. Tercera violencia: descalzo, con los pantalones cayendo, sin abrigo, detector de metal entre las piernas, en el vientre, en el cerebro. Tome sus pertenencias. Seis metros más allá, Cuarta demostración de odio: repita todos los pasos anteriores.

Avión nuevamente, comida miserable, azafatas apáticas.

Arribo al último puerto antes de cruzar el charco: Caracas.

Poner un pie en suelo venezolano en tránsito a Europa, te convierte de inmediato en un sujeto sospechoso de traición bolivariana, inmigrante ilegal, documentos falsos, visa en desorden.
Dos horas sentados en el suelo. No hay sillas, no hay baños, no hay nadie que sepa dar instrucciones. Un sujeto armado ladra algo que obliga a todo el mundo a sentarse en silencio en el suelo. Culpables de viaje.

Finalmente, luego de dos horas, la versión femenina bolivariana de un doverman que habla: Siguiente...!!! PAPELES!!!!! (Yo no pedí hacer escala en este país, por cierto). A DÓNDE VA???????, Buenos días, a Alemania. PARA QUÉÉÉÉÉÉ????? (Mira el pasaporte, me mira a mi, mira el pasaporte, me mira a mi, mira el pasaporte mi mira a mi. En sus clases de oficiales de migración le enseñaron a intimidar al viajero, lo hace muy mal, pero el resultado final es el mismo). Respondo de mala gana: un seminario. PAPELESSSSSSS, me chilla otra vez. De peor humor respondo: qué papeles????? DEL SEMINARIO QUE DICE QUE VA PUES. Ah! A ver tome, tome.
Me sigue observando, mientras resbala los dedos sucios por el pasaporte y la visa para ver si se desprende la foto y se ve la de alguien más debajo.
Me devuelve el pasaporte yo se lo arrancho sin sombra de buenos modales.

A las dos ecuatorianas que viene detrás la Srta. Doverman (experimento nazi de perros descerebrados pero efectivos para matar) les hace pasar por la misma rutina. DESTINOOOOOOO!!!! Aúlla, Nueva Delhi, la primera, Armenia, la segunda. En ninguno de los dos casos el experimento nazi (bolivariano) sabe donde quedan esos destinos, pero pregunta: Y ESO?? DÓNDE QUEDA??


Fin de la tortura, inicio del viaje

Vuelo sobre el océano. Uno de esos aviones con tantas filas que se necesita hoja de ruta para encontrar el asiento.
Cuando uno empieza a quedarse dormido un señor alto y rubio se acerca te levanta las cortinas y te sirve el desayuno. Miro mi reloj es la 01:00.

En mi reloj de pulsera y en mi reloj biológico son las 05:00 cuando toco tierra. Berlín destino final. Los alemanes no me preguntan mi motivo de viaje ni nada. Me doy cuenta que no tengo ni idea de cómo se dice ni una sola palabra en ese idioma. Y empieza el miedo temprano en la mañana en mi mundo, pero bastante avanzado el día en este continente.
Empieza la travesía. Dos horas más tarde, un bus, y 25 cuadras cargando tres maletas. Estoy en casa ajena nadie me recibe. Mi dirección es Wiclefstraße 3, lo que se pronuncia Bitlestrase o algo así. Siento una depresión profunda e incompresible y me duermo hasta el día siguiente.

Tuesday, June 26, 2007

De viaje

El mes pasado tuve la suerte de estar de viaje. Salté el charco por primera vez en mi vida y fue una experiencia muy especial. Tuve la suerte de participar en un seminario de periodistas de América Latina en Berlín y hacer un par de escalas más. Aún ahora cuando ya terminó hace casi un mes, sigo sin creer que en realidad sucedió y que la experiencia es una pauta definitva para mi vida profesional y personal.
Me he tomado un tiempo para volver a las actualizaciones del blog y ahora quiero aprovechar para incluir algunas crónicas de viaje y otros textos que iré preparando para poder mostrar parte de esta dinámica irreversible que imponen los países europeos: sorpresa, rigor y polémica.
P.

Los artículos que publiqué para Diario HOY se pueden ver aquí:

http://www.hoy.com.ec/temas/temas2007/desdeberlin/berlin.htm

Una aclaración

En respuesta:

Sí, me disculpo por no dar más contexto al artículo sobre Andrés López. El señor es comediante colombiano cuya rutina más famosa es La pelota de letras, un show cómico que se centra en la descripción de cómo son las generaciones pasadas y actuales. En mayo el señor vino a presentarse en el Ecuador tuvo un show un Quito y otro en Guayaquil. Fue un éxito rotundo. Yo en lo personal pensé que era una rutina cómica acartonada y de lo más falsa. Reír por reír. Y para mi desgracia me predispuse al espectáculo porque previamente tuve que estar en el camerino con el señor López durante una sesión de fotos. Intenté a la manera periodística de hacerle preguntas sobre los ánimos previos al show. Él no respondía nada, hablaba solo, tenía una especie de show personal para el que la prensa estaba pintada en la pared. No sé si era parte de sus nervios previos al show o si era simple estupidez. Me quedé con la segunda opción.

Thursday, May 10, 2007

La pelota de letras

Estimado Andrés López,

(foto cortesía Jaime Pavón)

Ayer tuve el desagrado de asistir a su show de pelotas o letras, o como usted desee llamarlo. Esta carta es sencillamente para comentarle mi absoluta inconformidad con su aparición en público.
Durante meses mi abuelita me ha hablado de usted, de su mágica capacidad para hacer reír a las personas, de sus chistes tan agradables, tan reales y sobretodo tan verdaderos.

Yo sabía -yo siempre he sabido- que lo que a mi abuelita le parece cómico, no lo es necesariamente. Es una buena mujer amable, cariñosa, buena amiga, pero de sentido del humor no tiene mucha idea.

Así que con ese antecedente estaba decidida a no ver jamás el dvd promocional de su espectáculo.

Para mi mala suerte en el medio de comunicación donde trabajo decidieron auspiciar su viaje a esta ciudad y promocionar el show y yo fui la elegida para morir de la risa. Mis compañeros envidiaban que yo tenga un pase gratuito y me decían: ¡Pero reiraste, verás que es bien divertido!

Señor López, no tuve más remedio que ir. Le esperamos junto a la prensa durante más de 40 minutos en un camerino apestoso y húmedo. Cuando llegó (yo sin ánimo de difamar le digo esto solo en correspondencia personal y ya usted sabrá si es verdad o no). Usted estaba poseído por sustancias sicotrópicas, por eso no hablaba claramente, no respondía a las preguntas y actuaba como un maníaco y sus monólogos eran absurdos. Quise creer que lo que hacía era “Ponerse en personaje” pero la extrañeza de sus carcajadas decían mucho más. Para serle sincera lo que más me sorprendió fue la complicidad idiota de su equipo de trabajo: lo veían y se reían. De qué se ríen, pensé yo. Esto no es cómico es casi denigrante y es más incómodo aún saber que luego de años de ver esas estúpidas rutinas a diario sus ayudantes todavía se ríen.

Señor López, luego de las experiencia tras bastidores, el espectáculo no fue nada mejor, pero al menos tuvo secuencia. Una secuencia eterna.... Usted habla de las generaciones y las imita y cada generación le toma más de una hora. Y las personas ríen, ríen a carcajadas, se retuercen en sus asientos.

Yo no hice más que sentirme ajena y casi avergonzada porque nada de lo que usted hizo me pareció cómico, sino estúpido. Y más grave todavía que un teatro lleno hasta los bordes lo disfrute como si se tratara de la quinta esencia de la comedia. Señor López, mi mamá siempre me ha dicho: Hijita si tus 30 compañeritos la pasan bien y tu no, no es posible que los 30 tengan un problema. Tú eres la del problema!

Gracias a su espectáculo he revivido mis traumas de la adolescencia: A mis sus estúpidas rutinas me parecen originales, eso sí no lo niego. Pero no le veo el mérito a reírse de la institución más caduca con rutinas ridículas que solo le hacen reír a la gente porque ven el parecido con sus vidas y creen que usted es un mago.

Como usted mismo dijo en su show, hay que conocer la debilidad de las víctimas para atacarlas y usted las conoce. Su víctimas son corderos que disfrutan de cualquier cosa y usted les da lo que quieren humor ligero para dormir en paz.

Le deseo que se rompa una pierna, y no en el sentido francés de ¡Tenga usted éxito!, sino más bien en ¡Hágalo! Rómpase una pierna a ver si así por lo menos detiene sus giras y deja de contaminar el mundo con su humor barato.

Atentamente,

Devuelvan el dinero!

* Tuve que cubrir el mencionado evento y fue tal como cuento. Es decir es una experiencia horrible de la vida real...aa!

Saturday, April 28, 2007

El hilo de la conversación

Foto prestadita: Nadia Baram (desconocida del Zone Zero, gracias)

Y si de repente todo fuera mentira

Como si estuviera paralizada por el espanto

Y si me mira y me dice: Me alegro por ti

Y yo digo gracias, pero en realidad lo que quiero decir es: No te parece un poco tarde para alegrarte...

Y si me dice que parece un éxito. Y yo agradezco nuevamente, pero en realidad deseo maldecir por haber pasado todas las pruebas de supervivencia para recibir una medallita de mierda.

............


Es demasiado tarde, dos de la mañana anuncia el reloj de pared. Demasiado tarde para seguir en silencio, para seguir de pie, para dar una vuelta más alrededor de la mesa del comedor, para volver a sentarse.
Es demasiado tarde para retomar el hilo de la conversación.
Estamos sentado hace horas en la sala. De vez en cuando me pongo de pie, voy a la cocina, regreso con un vaso de agua te ofrezco algo de tomar, sigues mirando la pared. No respondes. Quisiera pedirte que te vayas, pero en lugar de eso, te ofrezco algo de comer. No aceptas y es mejor, no hay nada de comer.
Me miras de pies a cabeza. Por qué no te sientas?, me dices. Me acerco, me siento y los dos miramos a la pared.
Inclinas tu cabeza sobre mi rodilla y permaneces en silencio.
Para mi la angustia se parece a un bostezo continuo. El cuadro ideal me viene a la mente con frecuencia: cada dos o tres segundos. La película debería ser otra:

Una mujer de piernas largas, cabello recogido y zapatos de taco entra en la sala sin anunciarse. Mira al hombre sentado en el suelo de la sala con los ojos fijos en la nada. Se acerca y le dice: mírame bien, es demasiado tarde!
Él por supuesto atónito, sostiene apenas la mirada, pero ella continúa.

Es demasiado tarde para que estés aquí. Creo que lo mejor es que te vayas.

Es demasiado tarde para retomar el hilo de nuestra conversación. La última vez que escuche tu voz... la última vez, ni siquiera puedo recordar cuándo fue. Así que no eres bienvenido en mi casa.

Ella, la mujer de piernas largas, vestido corto y ceñido enfrenta al hombre impávido de ideas vacías, de contenido insuficiente como para retomar el hilo de alguna antigua conversación.

La película no tiene las piernas largas, ni nada ceñido. Es esta mujer en ropa de dormir, que acepta tu cabeza en sus rodillas, te acaricia el cabello y te dice: Está bien si no quieres comer nada, ni tampoco hablar entonces es mejor que nos vayamos a acostar porque mañana trabajo temprano.

P.

Wednesday, April 25, 2007

Melcochas


Salíamos de la casa, cuando su madre nos detuvo en la puerta para ofrecernos melcochas. Las llevaba en una funda pegajosa y en la dentadura postiza amarillenta. Yo no podía verla a los ojos. Mi mirada se desviaba sin querer a sus encías rosadas, perforadas para sostener puentes, tornillos y esas perlas decadentes mala imitación de dientes. Y ella masticaba con un gesto pausado, dejando entrever como la melcocha se pegaba y despegaba a punto de destornillarle algún diente. Sacudo la cabeza y sonrío, me doy tiempo de mirarla de pies a cabeza. Miniatura de 1, 50 m parada en el umbral de la puerta cubierta con un chal cardenillo y con esas pantuflas de ama de casa resignada hace al menos 45 años.
Le agradezco por su oferta pero paso. A mi edad una de mis posesiones más preciadas son mis dientes, no tengo intención de amelcocharlos para ser parte de la familia política. Pero él acepta. Abraza a su madre, quien despide un olor agridulce, combinación funesta de melcocha y humedad, como la que corroe los muebles antiguos que tiene en la sala cubiertos con una sábana.

Finalmente nos vamos. Acelero el paso para alejarme pronto de su casa, sus olores, su madre. Saco de la cartera un cigarrillo y lo enciendo. Me mira de reojo y se frunce:


- Pensé que ya no fumabas

-Y yo pensé que vos ya no comías melcochas.

Seguimos caminando. Él se apura para alcanzarme.

- Cuál es tu apuro?

- Alejarme de tu casa

- Perdón?

- Umjm

No mido mis palabras. Me detengo y le obligo a detenerse. Cuando le miro ya está masticando una melcocha entera, tiene la boca repleta y no la cierra del todo para masticar. Pensé que estaría molesto por mi comentario, pero él solo mastica como un idiota embobado en el dulce. Entonces me decido.

- Creo que mejor me voy

- A dónde?

- Lejos de tu casa y de vos

Me apuro a la avenida para subirme en el primer taxi que pase. Él no se mueve me mira y me grita, como si se burlara.

- Qué, muy sofisticada para nosotros?

Me volteo de mal humor y mientras para un taxi solo alcanzo a responderle con la misma mala actitud de siempre.

- Sofisticada no, asquienta imbécil!!



P.

Sunday, April 15, 2007

Tristeza con el auspicio de Mr. Cash


And I heard, as it were, the noise of thunder: One of the four beasts saying: “Come and see” And I saw. And behold, a white horse. There's a man goin' 'round takin' names. An' he decides who to free and who to blame. Everybody won't be treated all the same. There'll be a golden ladder reaching down. When the man comes around.
American IV: The Man Comes Around


Me quedo de pie mirando el ropero. Por sugerencia de dos buenos amigos sería más apropiado vestir ropa de colores para contrarrestar la pena. Yo no siento pena, solo un agujero profundo en el estomago. Me esperan en la sala, susurran algo que no puedo comprender. Me tomo mi tiempo, me siento en la cama. Elijo un par de medias oscuras. Alguien toca la puerta, no respondo.

-Estás bien?

-Umjm

-Vienes?

-No, no todavía

- Puedo usar tu abrigo negro

- Umjm

-Gracias, apúrate que nos esperan afuera

De pie, solo con las medias puestas, busco algo que se asocie con su muerte, pero no estoy muy segura de que la muerte combine con nada. Lo único que puedo recordar es el equipo de fútbol que le gustaba. Eso es todo.
Entonces entiendo lo que debo usar. Me calzo un par de zapatillas deportivas, un pantalón negro con rayas blancas, una camiseta oscura y encima de todo un impermeable amarillo.

Salgo a la sala y todos me miran de mala manera.

-Hijita estás segura que vas a usar eso

- Umjm

Salimos todos juntos y todas las miradas sobre mi abrigo impermeable. Es abril, siempre llueve en abril. No veo que les preocupa tanto.
Llegamos al cementerio y una bandera de su equipo de fútbol plantada en el anden nos guía hacia el nicho, uno de sus amigos llora desconsolado y comprendo que es bueno llevar un impermeable en abril cuando la gente llora.
Él nos mira, señala la bandera del ‘Sporting Club’ y comenta:

-Es que él era un hincha a muerte

Entonces pienso que en ese caso elegí con mucha inteligencia el abrigo amarillo. Seguro que el homenaje le sobrecogerá en el más allá. Finalmente llorar no es lo mío, yo prefiero manifestaciones más incomprensibles, menos tradicionales digamos.
La ceremonia es desgarradora. A mi se me desgarra el estomago presiento que podría desmayarme de dolor, pero no sería correcto robarle la atención al difunto. Continúo junto a la procesión como hipnotizada por la pasión de la pena ajena. Involuntariamente pienso en música. Me viene a la mente Johnny Cash en la tumba de June Carter. He oído demasiada música country en las últimas semanas. Recuerdo una canción, Hurt: “ Everyone I know goes away in the end, and you could have it all, my empire of dirt I will let you down I will make you hurt”. Me duele. Recuerdo como me asomé por la puerta semiabierta y pude ver el costado derecho de tu cuerpo desnudo sobre una mesa. Parecía que tenías frío porque tu piel lucía un tono violeta pálido. No sabía que habías engordado tanto en los últimos años. Por eso ya no jugabas fútbol seguramente, pero hincha sí, eso siempre. Hincha a muerte.

La peor parte es la de la lápida. El enterrador golpea la piedra, pone cemento sin escatimar seguro no quiere que nadie abra la puerta para robarse la bandera del ‘Sporting Club’ que llevas en el pecho con orgullo. Fin de la historia. Inmediatamente, como es lo correcto en abril, empieza a llover a cántaros. Todos se mojan y dejan de llorar. Yo aprovecho la confusión para desatarme en llanto. Nadie puede verlo. Tengo la capucha del impermeable puesta. La lluvia no me moja, las lágrimas sí. Cierro los ojos, me concentro en el dolor y espero que todo termine pronto para llegar a casa y encontrar consuelo en la música country, Mylanta y el café que te ofreciste a tomar conmigo para que no esté triste.

P.

Wednesday, April 11, 2007

Los malditos gajes del oficio


Sentada en el mostrador frente a la puerta de vidrio veo como se acerca un hombre corpulento con la cabeza afeitada. Le abro la puerta, saludo con la poca amabilidad que le queda a mi repertorio y recibo la insolente bofetada de su olor a comida rancia. El caballero mide al menos 1,80, pesa unas 200 libras, yo diría 215 con más exactitud. Lleva una camisa de cuadros celeste, con amarillo que tiene una multitud de manchas de aceite alrededor del cuello y a la altura del pecho también. Tiene el lóbulo de la oreja izquierda perforada y lleva un arete dorado con un brillo plateado. Abre la boca para hacer la primera pregunta y presiento que es el peor día de la semana. Son apenas las 08:00, con el estómago vacío me cuesta más trabajo de lo habitual soportar clientela pestilente. El hombre alcanza a articular una pregunta que no comprendo. Por algún motivo en este tipo de negocio las personas suelen hacer preguntas incoherentes y este caballero no es la excepción. Le pido que me repita la pregunta y balbucea algo con su boca enorme, sus dientes cariados y sucios de sarro. Percibo en cámara lenta como su lengua húmeda roza el paladar pastoso y diminutas gotas de saliva salen expulsadas hacia el exterior. Alcanzó a dar dos pasos atrás violentamente. Atinó a taparme el rostro con la mano derecha con pretexto de comezón en la nariz y solo se me ocurre acercarle directo a la cara una lista de precios para que prosiga escupiendo en ella sin herir mi sensibilidad mañanera.
El señor piensa que lo que le ofrezco cuesta demasiado y me acusa con el dedo por ello. Yo levanto los hombros ya sin restos de amabilidad. Me pide una explicación y me parece que su tono de voz se ha elevado demasiado para tratarse de un cliente sudoroso con olor a comida rancia. Le indico con muy poca paciencia que soy solo una empleada y que no he diseñado ni las reglas, ni las tarifas. Mi insolencia hiere sus grasientas 215 libras y me pide que no le falte al respeto. Para entonces ya grita:

- ¡Esto es lo colmo, nunca me han atendido tan mal, usted es una malcriada!

Yo sigo de pie, le miro impávida con mi 1,60 a cuestas cubierta por la sombra que proyecta su desagradable humanidad. Alcanzo a escabullirme del frente me pongo a sus espaldas y le abro la puerta.

Señor, me temo que si usted no se siente a gusto puede elegir otra compañía que le ayude!

- Usted es una insolente voy a reportarla con su jefe.

(Y usted un gordo de mierda, apestoso y miserable incapaz de pagar $60 sin reclamar porque no me hace el favor y se larga antes de que le saque al perro que tengo atrás para que se agarre de su grasiento trasero.)
Es posible soñar. Con el corazón agitado me imagino todas esas cosas que le podía decir antes de que me tire la puerta en la cara y me arruine la mañana . Lo que el miserable no sabe es yo soy mi jefe y que lo más lejos que va a llegar a hacer será reclamarme a mi y con suerte yo tendré el coraje de decirle lo mal que huele y que no se preocupe que a esa empleada que le trato tan mal ya la despedimos.


P.